viernes, 30 de noviembre de 2012

Ensayo cinematográfico y experimento científico. La Région Centrale de Michael Snow.



Una de las intenciones de este blog es acercar y dar a conocer aquellos documentales de divulgación científica y cultural más interesantes a nivel local e internacional, mediante reseñas y comentarios críticos, o incluso si fuera posible enlazando el video de la obra en cuestión.

Hasta ahora no había encontrado el momento adecuado para el inició de esta nueva sección. Sin embargo, esta semana descubrí casi por casualidad una película, La Région Centrale (Michael Snow, 1971) que en un principio descarté por su factura digamos, nada convencional y muy alejada de lo que conocemos como documental de divulgación. De hecho, esta película no es un documental y se puede decir que  tampoco es una película de ficción. Entonces ¿a que viene esta reseña? Se preguntará más de uno. A mi parecer, lo que plantea esta obra entorno a lo humano, la tecnología  y la naturaleza, era lo  suficientemente interesante para abrir esta sección a pesar de estar muy lejos de lo puramente divulgativo  aunque próximo a la ciencia en su vertiente más reflexiva.


Cartel de la película

Descartado el carácter documental (aunque discutible) y divulgativo de la obra, la película en contra de lo que pueda aparentar tiene mucho de ciencia –concretamente de tecnología-  y de reflexión  filosófica. La película en sí misma es un experimento científico cuya realización prescinde de toda intervención humana (a excepción de la localización de grabación, construcción de la máquina y el montaje final de la película) a favor de lo puramente tecnológico. 


Para llevar a cabo esta película, se diseñó un brazo robotizado y programado para realizar una serie de movimientos. Sobre uno de los extremos de este brazo robótico   se instaló una cámara cinematográfica que registraría  durante 24 horas la imagen y el sonido del entorno natural donde se emplazó este dispositivo - una región desiértica  a 100 kilómetros al norte de las islas Sept en la provincia de Quebec.


Cámara instalada en el brazo robotizado 


El resultado de esta obra (con 190 minutos de duración) en un principio desconcierta por su inexistente  carácter narrativo que se le predispone a cualquier obra audiovisual. Pero por otra parte impacta y fascina por todo aquello que nos sugiere.

Sin rastro alguno de presencia humana, más allá del carácter artificial de las sombras proyectadas en el suelo por el propio aparato fílmico. Sus imágenes, producto de la tecnología, están en continuo movimiento – lateral, vertical, y movimientos circulares- provocando la desaparición de las coordenadas establecidas por los humanos, arriba y abajo. Una sensación de ingravidez se impone en un entorno natural aislado y solitario que parece más propio de otro planeta. Cabe pensar incluso que el punto de vista correspondiera al de una sonda espacial en su visita a un planeta extraterrestre. 

La deshumanización del entorno, “habitado” por lo tecnológico, viene reforzado por una abstracción sonora hecha de zumbidos electrónicos agudos - pulsos electrónicos que guían la máquina- y texturas atmosféricas que concuerdan, de vez en cuando, con las secuencias de desplazamientos. 

El material resultante encuentra una extraña belleza en la tensión constante entre las movimientos mecánicos de la cámara, matemáticamente determinados y preprogramados de la cámara y las visiones de un entorno natural en el transcurso de un día, desde el amanecer al anochecer. La tecnología nos revela otra realidad que nos lleva a replantearnos nuestra relación y comprensión del mundo, a resituarnos en él.

Snow parece buscar respuesta a una pregunta ¿Éste dispositivo robotizado de grabación producto de la ciencia y la tecnología puede tener posibilidades expresivas por sí misma?



Michael Snow junto al dispositivo de grabación en el entorno de las Islas Sept


Descúbrelo por ti mismo, aunque aviso, su carácter experimental  a más de uno se le pueda atragantar. Solo hay que tener un poco de paciencia. 







lunes, 12 de noviembre de 2012

Guillermo Zúñiga. Pionero del cine científico en España


Biológo, profesor de instituto, cineasta y fotógrafo, Guillermo Fernández López Zúñiga, nombre completo al que todos conocían como Guillermo Zúñiga (1909-2005), fue el principal promotor y padre del cine científico en España.

Guillermo Zúñiga

Tras la Guerra Civil estuvo exiliado en Francia  (1939-1947) y estuvo en varios campos de concentración franceses (Argelès-sur-Mer o del de Bram). De Francia se trasladó a Argentina (1948-1957) donde estuvo de profesor de cine científico  en el Instituto Argentino  Cinematográfico (1953-1956). De vuelta a España en 1958, fue profesor  encargado en la Escuela Oficial de Cinematografía  de Madrid (1967-1972), jefe de producción de varias películas  y director  y realizador de documentales científicos. En 1966  fundó la Asociación Española de Cien Científico, la actual Asociación Española de Cine e Imagen Científicos (ASECIC). Él mismo presidio la asociación durante veinte ocho años desde 1966  a 1994.

Algunos de sus primeros documentales científicos fueron Boda en Navalcán (1932), Marruecos (1933), y La vida de las abejas (1935). En los años 50 ya exiliado en Argentina hizo Las abejas (1951) y algunas otras que se desconocen. Aunque la mayor parte de sus documentales los hizo cuando volvió a España, como son Palomas mensajeras, Las aventuras de Api (1964), Florida y el viento (1965), Un pequeño colonizador verde (1968), Mytilus edulis. El mejillón en Galicia (1970), Guerra en el naranjal (1971), La mosca de las frutas (Ceratitis capitata Wied) (1971), Encinares (1973), El agua en la vida (1974), La lagarta (Lymantria dispar L.) (1974), El salmón de Asturias (1991).

Zúñiga hombre polifacético y muy activo, también participó en los grandes acontecimientos de España. Fotografió el entierro de Francisco Largo Caballero, Jefe de gobierno y Ministro de Guerra durante la Guerra Civil, considerado el Lenin español; Zúñiga  también estuvo en la Alianza deIntelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, en Valencia, donde retrató a Alberti, a María Teresa León, Pablo Neruda,  Nicolás Guillén, José Bergamín y Manuel Altolaguirre; participó en las Cortes Valencianas, y en la liberación de París, así como en el frente de Madrid y en el de Aragón.


Fotografía de Guillermo Zúñiga. Guerra Civil española

Ahora, gracias a la Asociación Española de Cine e Imagen Científicos (ASECIC)  podemos disfrutar del visionado de una parte del legado científico audiovisual que Guillermo Zúñiga realizó durante más de 40 años. 



Referencias